Archivos Enero 2008


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Chávez, que el próximo diciembre debe someter su cargo a la consulta de las urnas, se ganó el respeto de la comunidad árabe y musulmana, no sólo en España sino en todo el mundo, cuando hace sólo unas semanas, retiró a su embajador en Israel, en protesta por el nuevo genocidio judío en Líbano.


Por eso son tan importantes libros como este. Quizás no puedan enfrentarse a las todopoderosas cadenas norteamericanas CNN, CBS, etc, pero los libros y reportajes de Marwan Paz al menos lo intentan.

Conocí a Marwan en 1997, en Nouakchott, y he publicado muchos de sus reportajes. Ver ahora reunidas algunas de sus entrevistas más interesantes, realizadas en puntos tan diferentes del mundo, y a personajes tan dispares, es la mejor prueba de que, pese a ser una víctima más del conflicto, continua casi 10 años después, luchando con la misma energía y entusiasmo por contar el otro punto de vista. En este caso dar voz a los que en muchas ocasiones fueron enmudecidos por el sistema.

Ismail Hassan
D
irector de El Palestino

El velo de la discordia

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La prohibición es un recurso muy socorrido en estos días, sobre todo para los incompetentes. Tiene la ventaja de que, simplemente alegando un difuso bien mayor, resulta de una comodidad extrema y da la ilusión de que soluciona algo.
El problema es que hay prohibiciones que atentan no ya contra la individualidad de la persona, sino contra sus usos y costumbres que consagran la comunión con sus orígenes. Prohibir el hiyad no es una cuestión banal, como si prohibiéramos las camisetas del Deportivo en casa del contrario, sino la prohibición a expresar toda una cultura, un valor y, posiblemente una creencia.

Por supuesto, es esto último lo que preocupa y sería curioso pensar en la que se iba a armar si nosotros prohibiéramos los crucifijos, vírgenes y otros iconos religiosos que pudieran llevar los niños en las escuelas.

Pero no, la comparación no es justa, porque el hiyad no tiene porque implicar religión islámica, como se nos quiere hacer creer, sino un elemento cultural irrenunciable del árabe, que no es lo mismo.

Por otro lado, quien piensa que la hiyad representa de alguna manera la sumisión de la mujer, lo que debe hacer es dejar los tópicos y estereotipos a un lado. Se podría asegurar que muchas mujeres árabes que recorren nuestras calles sin velo, no lo hacen por la vergüenza de parecer diferentes, por esas miradas que clavamos en todos los inmigrantes que no se nos parecen.

No se trata de estar a favor o en contra de velos y pañoletas sino de qué derecho tenemos a impedir su uso. Los inmigrantes deben integrarse aprendiendo nuestros hábitos y costumbres, pero no por ello renunciando a los suyos, excepción hecha únicamente en el caso de que estos últimos fueran absolutamente aberrantes.

 

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