Al norte Siria, con las huellas de Zenobia, Saladino y Saulo de Tarso, y más allá Turkia, la del imperio inalcanzable. Al este Jordania, Iraq y Arabia Saudita, desbordantes de historia sagrada antigua y moderno. Al sur Palestina y después Egipto, cuna del cristianismo, del judaísmo y del imperio de los faraones. Y al oeste la costas mediterráneas, que exploraron antes que nadie los fenícios, el pueblo del mar. Imposible cuantificar cuanto debe a la historia de la humanidad esa región que llamamos Oriente Medio. Pero basta imaginar por un momento que ocurriría si arrancásemos de los libros de texto de nuestros hijos, todas las páginas que hablan de Mesopotamia, donde se inició la historia escrita; de Palestina o de Arabia, cunas respectivas de Abraham, Jesús y el profeta Muhammad; de Egipto, origen de la ciencia y la cultura... Esos libros de texto, se quedarían cojos, y mancos, y ciegos, y sordos.
Recorrer el centro de Beirut, o su largo paseo marítimo, en el Beirut Oeste, produce a todo el visitante novato una momentánea desorientación. Coches muy lujosos, edificios ultramodernos y mujeres voluptuosas nos hacen perder por un momento la sensación de que nos encontramos en un país árabe que, una vez más, ha sufrido los zarpazos de la guerra. Sin embargo, si abandonamos la Av. Paris y sus miradores al mar, o las zonas reconstruidas del centro de la capital, pronto encontramos infinidad de testimonios gráficos de la guerra. Las cámara fotográficas pueden inmortalizar mil y un ejemplos de los continuos conflictos que han diezmado la población, y la historia del Líbano en el último siglo.
Es imposible cuantificar el valor de las pérdidas arqueológicas, culturales e históricas que han supuesto las diferentes guerras que ha sufrido Beirut, pero desde que las excavaciones realizadas casualmente entre la Place des Martyrs y el puerto descubrieron un emplazamiento cananita del 1900 a. C. cada vez que se realizaban obras para la construcción de un aparcamiento subterráneo, o para la construcción de un nuevo bloque de apartamentos, era inevitable toparse con restos arqueológicos, ahora mutilados por los bombardeos israelíes.
De la misma forma que nuestra cámara de fotos puede inmortalizar los impactos de bala que hirieron de muerte a los diferentes monumentos que flanquearon la "línea verde" en los conflictivos años 70 en Beirut, ahora cualquier viajero puede contemplar la siniestra obra rubricada por los misiles israelíes en los barrios residenciales de la ciudad.

Contrastando con los taxis Mercedes, y los fastuosos Hammer, Porshes o BMW que nos rodean, descubrimos edificios en ruinas, mutilados por incontables bombardeos a lo largo de los años, en los que familias enteras continúan viviendo entre los cascotes y los escombros.
El Ayatola Jomeini parece saludarnos desde varias estatuas en el barrio chiíta de Beirut, rodeado de cicatrices por los años de guerras. Pero fuera de la capital, al sur, la situación es mucho peor.
Libano alberga auténticas joyas históricas y arqueológicas que hace mucho tiempo que son mucho mas que patrimonio de la humanidad. La hermosa Biblos, que presume de ser la ciudad más antigua del planeta y donde hemos fumado las narguilas más deliciosas del mundo árabe; la solemne Tiro, fundada por faraones y capital de los exploradores fenicios o la inquietante Baalbek, llamada "la ciudad del sol" y probablemente el emplazamiento arqueológico más importante del Líbano. ¿Cómo valorar la importancia de estos lugares para toda la humanidad?
El conjunto de templos romanos de Baalbek ha soportado el paso de los siglos, y de ejércitos y conquistadores de diferentes naciones, desde el año 150 de nuestra era. Sin embargo, el pasado verano, los muros del Templo de Baco fueron uno de los "daños colaterales" de los misiles israelíes que destruyeron varios edificios de la plaza central. Y lo mismo ocurrió en el Templo de Júpiter, la estructura religiosa más grande del Imperio Romano, que había soportado indemne el paso del tiempo, pero que también resultó dañada por los bombardeos israelíes.
Baalbek es sólo uno de muchos tesoros arqueológicos del valle de Beqaa que fueron víctimas de los ataques, pero lo mismo podría decirse de los importantes edificios históricos que se remontan a los siglos X y XIII y que salpican todo el país, como la ciudadela de Chehabi en Hasbaya, que sirvió de fortaleza para los ejércitos de la Primera Cruzada en el siglo XI, y fue tomada en el siglo XII por los emires de Chehabi, cuyos descendientes la ocupan hasta la fecha. Pero los ejércitos cruzados, en el siglo XI no usaban misiles.

Los nuevos cruzados en Iraq
Cuando George Bush, tras el 11S, afirmó que comandaría una cruzada contra el "eje del mal" hablaba en serio. Y sus nuevos cruzados no tuvieron ningún reparo en utilizar todas las armas a su alcance para combatir a los "terroristas" en sus propios hogares. Y a diferencia de los del siglo XI, esta vez si utilizaron misiles y todo tipo de bombas.
Los bombardeos de Iraq, es decir de Mesopotámia, origen de la escritura y por tanto de la historia, se iniciaron hace ahora exactamente 4 años. Sin embargo, en menos de un lustro, hemos perdido miles de años de historia.
Es justo reconocer que el expolio de piezas arqueológicas en Iraq se inició a principios de los 90, después de la primera guerra del golfo. Mafias organizadas protagonizaban robos en los museos del norte del país, y grupos armados saudíes y kuwaitíes atravesaban el territorio chiita para saquear centros culturales.

En diciembre de 1994, más de 20 especialistas de talla internacional remitieron una carta a la UNESCO para denunciar la situación de abandono de los enclaves arqueológicos y la impunidad de los ladrones. El bloqueo impuesto por EEUU, y el hambre, la miseria y la enfermedad que azotaba muchas regiones del país obligó a muchas familias a expoliar su pasado, para conseguir un futuro. Ese misma año 94 más de 70 hombres armados entablaron un combate contra los guardias que custodiaban la antigua ciudad de Al Medina, para robar antigüedades. Y, en Larsa, un vigilante de la excavación moría por disparos de Kalashnikov. Los objetos robados eran traficados a Suiza para desde allí ser distribuidos al mercado negro. Entre ellos más de 80.000 piezas de la biblioteca cuneiforme que albergaba el museo, miles de joyas, cientos de sellos y varios toros alados de Asiria.
Pero a partir de la ocupación norteamericana el robo, saqueo, destrucción y expolio del legado histórico de Mesopotamia se multiplicó por mil. Dejando por un instante al margen el incomparable sufrimiento humano, y los cientos de miles de iraquies muertos, heridos o mutilados, el daño que la ocupación ha infringido al patrimonio histórico de la humanidad, es incalculable. Un miembro vital de nuestro pasado, fue cercenado para siempre con la primera bomba que cayó sobre Bagdad.

Como afirmó la escritora y crítica del arte iraquí May Muzzafar en un artículo publicado en Le Monde Diplomatique: "Al destruir la herencia de Irak, su pueblo, su arquitectura, milenios de cultura de la humanidad quedaron barridos. Las fuerzas invasoras del país más poderoso de la tierra atravesaron vastos océanos, pisotearon los cuerpos martirizados de niños, mujeres, hombres jóvenes y maduros, utilizando la tecnología militar más moderna para apoderarse de los pozos de petróleo iraquíes. Desgraciadamente, las fuerzas de la coalición no solamente mataron y humillaron al pueblo y la cultura de Irak, también abofetearon a la civilización. El legado que Irak acaba de perder con esta guerra le pertenecía a toda la humanidad."
Según los analistas más de 4.000 piezas arqueológicas fueron robadas en Iraq en el caos que siguió a la Tormenta del Desierto. Pero lo verdaderamente escandaloso es que más de 300 de esas piezas han sido descubiertas en el Metropolitan Museum de Nueva York, ¿Cómo llegaron allí? No hay que ser demasiado inteligente para deducirlo. Sin embargo, y pese al evidente contrabando, robo y expolio de restos arqueológicos mesopotámicos que ha convertido en millonarios a muchos militares norteamericanos, la administración Bush mira hacia otro lado.

Por supuesto el Metropolitan Museum de Nueva York no es el único beneficiario de los robos del pasado árabe en Oriente Medio. Piezas arqueológicas iraquíes, como varias esculturas de Jatra o un relieve de Sennaquerib, han sido descubiertas en otros museos europeos como el British Museum de Londres. Las autoridades, cómplices de esos saqueos, también guardan silencio.
Pero si los casos del Metropolitan de Nueva York o el Britsh Museum de Londres son vergonzosos, el protagonizado por los museos israelíes resulta mucho más sangrante para los países árabes víctimas de esos robos.
En el Museo de los Países de la Biblia de Jerusalén se exhiben descaradamente varias piezas de Mesopotamia, que han sido comentadas en publicaciones arqueológicas por diferentes especialistas internacionales que han podido visitarlas en Israel. Desde tiaras de cuernos de bronce a estelas de basalto de Salmanasar III, pasando por tablillas cuneiformes, esculturas, etc... ¿Si Israel no posee ninguna excavación arqueológica en Iraq, ni existe ningún intercambio ni mercado legal de piezas arqueológicas ¿de donde han salido las que se exponen en Jesusalem?
Palestina... el legado de Abraham, Jesús y Muhammad bombardeado
Las ilegales obras ordenadas por el gobierno israelí en los antiguos muros que rodean la mezquita de Al Aqsa no son más que el último eslabón de una larga y continuad serie de profanaciones o destrucciones del legado arqueológico en Palestina. La repercusión mediática que acompañó a este incidente, en los últimos meses, no se produce normalmente ante los saqueos, robos o destrucción de emplazamientos arqueológicos en Gaza, Hebrón, Jenín, Nablus o Ramallah, cuyas piezas terminan acompañando las mismas vitrinas de museos como el de Jerusalem, donde se exponen las antigüedades robadas en Iraq.
Judeh George Morkus, Ministro palestíno de Turismo y Antigüedades tuvo la amabilidad de recibirnos en su despacho de Betlehem para responder a nuestras preguntas.
Según explica a quien esto escribe el Ministro Morkus, a pesar de la inestabilidad de la zona Palestina necesita todos los ingresos que pueda recibir a través del turismo, e insiste en que pese a la propaganda israelí, los extranjeros son bienvenidos en Palestina y no corren ningún peligro. Además, y pese a que Israel se ha apropiado de muchos emplazamientos arqueológicos a lo largo y ancho de todo el país, todavía quedan enclaves históricos importantísimos en diferentes puntos de Bethlehem (Belén), Jenín, Hebrón, Nablus, etc.

Desgraciadamente, y como ocurre en otros territorios ocupados, las tropas de ocupación con frecuencia roban piezas arqueológicas para venderlas en el mercado negro, o incluso a los museos oficiales de Tel Aviv o Jerusalén. Y en este caso, como ocurría en Iraq durante el bloqueo, el hambre, la desesperación y la miseria, hacen que los ladrones no sean siempre extranjeros.
"Aquí en el Ministerio -explica el Sr. Ministro- hay un equipo que sigue las excavaciones oficiales, pero mucha gente que esta construyendo sus casas encuentran antigüedades que no podemos controlar. Y aunque algunas se ponen en contacto con el ministerio para que vayamos a ver su valor, otras deciden averiguarlo por su cuenta.".
Con el embargo decretado por Estados Unidos contra el gobierno de Hamas primero, y el gobierno conjunto Hamas/Al Fatal ahora, cientos de miles de familias palestinas viven una situación insostenible desde hace un año. La mayoría de los funcionarios no reciben su sueldo desde 2006, y los brotes de violencia entre palestinos, y los albores de una guerra civil que asomaron a las calles palestinas hace unas semanas, no son más que el fruto creado por esa crispación y desesperación originada en el boicot norteamericano al gobierno de Palestina. En este contexto, que el mercado de antigüedades bíblicas esté nutriendo a bajo coste a los traficantes de arte occidentales, es inevitable.
La hipocresía de Occidente
El 26 de febrero de 2001, el mulá Omar, emir autoproclamado de los talibán emitió un edicto de destrucción de las colosales estatuas de Budá en Bamiyán (Afganistán). La opinión pública internacional se escandalizó y puso el g
rito
en el cielo cuando los milicianos talibanes volaron los budas de
Bamiyán, ante las cámaras de televisión. En realidad ante la cámara de
Taysir Alony, el reportero de Al Jazeera que posteriormente fue
detenido, juzgado y condenado en España por su supuesta relación con Al
Qaeda... Alony, uno de los periodistas más valiosos y con una trayectoria
profesional más impecable, fue condenado por el juez Baltasar Garzón,
por el terrible crimen de haber sido el único reportero del mundo que
pudo entrevistar a Ben Laden después del 11/S. Afortunadamente nadie le
acusó de haber sido complice de los talibanes en la dinamitación de los
budas de Bamiyán, por haber sido el periodista gracias al cual el mundo
conoció aquella barbarie histórica.Y la destrucción de los budas de Bamiyán sin duda contribuyeron notablemente a que la opinión publica internacional justificase la invasión de Afganistán tras el 11/S... porque quienes destruían aquel legado cultural y arqueológico patrimonio de toda la humanidad, sin duda eran unos bárbaros irresponsables. Sin embargo ante los bombardeos israelíes a Baalbek, Tiro o Beirut, ante los robos y expolios de los museos iraquíes y ante la usurpación de antigüedades en Palestina, esas mismas voces occidentales callan.
Los budas de Bamiyán, afortunadamente, serán totalmente reconstruidos, gracias al apoyo internacional... ¿pero que ocurrirá con los miles de vestigios arqueológicos robados o destruidos en Oriente Medio?
Marwan Paz


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